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10 de octubre de 2018
Para llegar a nuestra visión de ciudades inteligentes, debemos trabajar unidos

Ciudades Inteligentes. Otra palabra de moda del siglo XXI. Pregunta a 100 personas lo que significa y es probable que obtengas 100 respuestas diferentes.

¿Por qué? Porque las ciudades inteligentes -o cualquier cosa inteligente- son complejas. Hay tantos factores interdependientes implicadas en hacer una ciudad inteligente que es muy difícil pintar una línea clara a su alrededor que la defina.

Por supuesto que hay ejemplos estupendos de ciudades y municipios que intentan hacerse más inteligentes, como Seattle, que utiliza data para gestionar mejor el transporte, las emisiones y las inundaciones. Songdo en Corea del Sur es probablemente la ciudad más avanzada tecnológicamente del mundo, y Barcelona, la capital europea de la innovación, tiene más de 100 proyectos inteligentes en marcha.

Estos proyectos, y muchos otros parecidos, son estupendos y proporcionan un ecosistema vital para ser pionero y probar nuevas ideas. Sin embargo, el único rasgo común entre todos ellos es que son diferentes.

No tenemos un plano universal para lograr una ciudad inteligente.

Y eso es un problema.

A menudo me preguntan los promotores cómo asegurar en el futuro un edificio y/0 crear un edificio inteligente para las generaciones futuras. La respuesta sincera es que es casi verdaderamente imposible crear un edificio inteligente sin “enchufarlo” a la ciudad en la que está ubicado. Y para ello necesitamos compromiso y colaboración.

Por ejemplo, equipar un edificio con sensores y aparatos es un paso obvio para crear un edificio inteligente. Lograrás (o deberías lograr) un edificio más eficiente y te permitirá proporcionar a los inquilinos, facilities managers y visitantes una experiencia sin fisuras en el edificio -tal vez para ubicarse, el control de la temperatura o reserva de habitaciones. Hasta puede que el edificio en el futuro pueda ajustarse automáticamente a ciertos parámetros basados en datos de tiempo real.

Eso es genial. Eso es un edificio que está siendo inteligente.

Pero si tienes un centenar de edificios de ese tipo en la ciudad, ¿eso hace que la ciudad sea inteligente?

Yo diría que no.

Una ciudad inteligente necesita interconectividad entre las partes y toda la infraestructura de la ciudad. Y ahí es donde el gran plan se desploma. Duramente.

 

 Esto sucede porque las industrias están aisladas. No les gusta hablar unas con otras, y no digamos ya conectar entre ellas para compartir datos.

Volvamos a mi ejemplo del edificio. Y ahora imagina que eres un inquilino en ese edificio. ¿Dónde comienza tu experiencia? ¿Tal vez en el recibidor? ¿En la esquina de la calle? ¿En el medio de transporte?

Incorrecto. Tu viaje comienza cuando te despiertas en tu casa.

De la misma forma que ahora esperamos escuchar música a demanda, ver películas a demanda, incluso pedir comida a demanda, también esperamos obtener la misma experiencia sin fisuras en nuestras ciudades. O al menos deberíamos, y lo obtendremos.

Esto requerirá que nuestras casas se conectes con nuestro transporte, que conecte con nuestro lugar de trabajo (y colegios, servicios, tiendas, etc).

Para tener una visión total de una ciudad inteligente, necesitamos pensar de forma colectiva, no aislada.

En su momento, fue tal vez una sorpresa que la ciudad de Toronto otorgase el del distrito junto al muelle a una empresa subsidiaria de Alphabet, una compañía de big data. Sin embargo, lo que habían comprendido claramente era que necesitaban un plan digital, o un plano digital del distrito. Sólo entonces podría crearse el plan físico. ¡Y qué mejor compañía para lograrlo!

Por supuesto, la mayoría de las ciudades -especialmente las ciudades occidentales- no son telas en blanco. No puedes simplemente empezar desde cero. Además, cada ciudad es diferente, y deben jugar con sus ventajas para crear una ventaja competitiva en este mundo globalizado. Esto significa que necesitamos entidades de gobierno y autoridades urbanísticas que marquen una visión clara para su ciudad particular, y asegurarse de que las pequeñas empresas se alinean con esta visión. Deben traer consigo industrias dispares y juntar objetivos. Deben lograr los fondos para desarrollar una infraestructura que lo conecte. Sólo entonces pueden tener una visión a largo plazo.

Si los gobiernos y municipios quieren lograr esta visión de ciudad inteligente, entonces deben dar poder y fondos a los cuerpos que toman las decisiones que controlan el desarrollo del entorno construido. Singapur es un ejemplo de una ciudad (y país) que lo está intentando. Está tratando de juntar todos los datos de todas partes de la ciudad para crear con ello un templo virtual que pueda ser utilizado para modelar nuevos desarrollos y obtener permisos. Están, de hecho, creando un gemelo digital de la ciudad. Obviamente tiene sus retos, pero es una forma admirable y esencial para abordar el desarrollo de la ciudad.

La empresa privada es perfecta para encontrar maneras innovadoras de ofrecer mejores productos y servicios. Pero a menos que queramos que las empresas sean dueñas o patrocinen las ciudades (¡no, por favor!), necesitamos que las autoridades de las ciudades unan los puntos.

Para llegar a nuestra visión de ciudades inteligentes, debemos trabajar unidos.

 

 

Alex Edds

Director de Innovación, JLL UK; and

Cofundador y Asesor, Liquid Real Estate Innovation

Para llegar a nuestra visión de ciudades inteligentes, debemos trabajar unidos
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